Quisiera ser adoptado (o sobre como soportar ser parte de la familia que uno nunca elegiría)

8 07 2008

¿Alguna vez sintieron que no encajan en la familia que les tocó? ¿Acaso, de niños, nunca entraron de puntillas en la habitación de sus padres y sigilosamente buscaron algún documento comprometedor? Si la respuesta es negativa, seguramente no se sentirá identificado con este post.

Pero, si por el contrario, se han sentido ilusionados de encontrar una partida de nacimiento con su nombre a la cabeza y luego con la leyenda “Hijo de Amalita Fortabat” o “Hijo de Ernestina de Noble“, entonces hemos pasado por lo mismo.

Lamentablemente no soy hijo no de Amalita Fortabat, ni tampoco de Ernestina de Noble. Soy hijo de mi padre y de mi madre (¡que deducción!) y no hay nada que hacerle. Además de la ya entendida desgracia, tengo tres hermanos, con los cuales, seguramente dentro de algunos años, tenga que pelear por una jugosa herencia que asciende hoy a los $0.25, más la propiedad (cucha del perro).

¿Tiene todo esto algo de sentido? Sí claro que lo tiene. El post de hoy tiene que ver con el feliz desenlace de algo que empezó hace unos 8 meses aproximadamente. (Para más detalles, sírvase curiosear por acá)

MI hermana, finalmente después de tanto papelito, papelón, documentos, apostilla , visado y otras mierdas, logro recuperar su permiso de residencia. Desde que desde Barcelona dieron el OK para que pudiera entrar, no tardo nada en conseguirse un pasaje para volver. Pero no permitamos engaños… no es porque ella tiene alma de española, ni porque tenga un trabajo de Gerente de Banco. No, es sólo porque tiene novio allá. Las cosas que hace una mujer desesperada…. (Si las conoceremos: si no… ¡aprendan de zorra!)

Este sábado, se organizó en lo de mi abuela una pequeña reunión familiar para despedir a mi hermana. Por suerte, todo salió bien, y para estas horas, calculo que debe estar recuperando el tiempo perdido con su novio (¡quien pudiera!)

Pero basta de preámbulos y vayamos al grano. Yo se que todos se mueren por saber los entretelones de esta gran aventura.

Arreglate para la foto

Pongamos las cosas en orden. Cuando yo digo que me gusta ir a Buenos Aires, me refiero que me gusta caminar, salir, conocer. Visitar Puerto Madero (que top), Palermo, hacer shopping, ir al cine, etc, etc.

De ninguna manera, en mi cabeza está la idea de ir por unas pocas horas y encima para estar encerrado cual canario en un aeropuerto. Pero me la tuve que bancar. Me arruinaron el fin de semana para ir a despedir a mi hermana al aeropuerto. Y no podía decir que no. Bah, en realidad si podía, pero tenía que pagar el precio de quedar como un insensible y un desalmado.

Así que ante la propuesta de viajar ininterrumpidamente por 15Hs, cual paria por las autovía 2, decidí tomármelo con calma e iniciativa.

Ya que mi madre y mi hermana se habían complotado para desmoronar mi salida de fin de semana, pensé en sacarle el jugo al viaje. Me vestí con mis mejores arapos. Hice un trabajo de ingeniería estética con mi (poco) pelo, con cresta incluida, y hasta me pasé loción astringente en la cara. ¿Todo esto para mi hermana? obviamente que no. El amor puede estar a la vuelta de la esquina, o a un equipaje de distancia. A esta altura del invierno, y con lo que cuesta sobrevivirlo solo, no podía perderme la oportunidad de conseguir como novio un piloto de aerolínea extranjera.

Pero no todo sale como uno lo planea. Hay que tener un pensamiento de proyecto: saber que es lo que se va a hacer y bajo que circunstancias, tomar todas las precauciones y calcular todos los movimientos; todas tareas que no se me ocurrió ni por casualidad hacer antes de salir.

Ya de entrada, el pantalón “Beige” que me puse, era muy bonito…. pero para usarlo en verano. Definitivamente no da, ponerse un pantalón finito como papel de calcar y salir a la calle con -2°C. ¡Vamos! ¿A quien se le ocurre? Sólo a mi.

En fin el problema inicial se dio en el bus de ida. Entradas las 5am quise aprovechar para leer algo de la facultad y así matar dos pájaros de un tiro: adelantar estudio y hacer más llevadero el aburrido viaje. Mientras mis amigos estaban meneándose en una pista de baile e ingiriendo algún que otro delicioso trago, yo llevaba mi nervio óptico al borde del colapso tratando de leer algún renglón de mis apuntes con la miserable ayuda de una paupérrima lucecita que no me dejaba ver ni la punta de la nariz.

No me quedaba otra que dormir. Los asientos no eran de categoría ejecutiva, pero digamos que a las alturas del camino, se dejaban querer bastante. Pero se me presentó una cuestión inesperada: no podía apoyar la cabeza en el respaldo…¿porque no? Muy sencillo: yo no estuve 4 horas haciendo en mi cabello una escultura al estilo de Marta Minujin, que además de llevarme horas y de la obligación de apropiarme de un criterio estético que no me convence del todo, me demandó medio pote de gel “efecto cemento” para arruinarlo a las dos horas de haber abordado el micro. Probé dormir erguido, pero parecía la momia de Tutankamon en decadencia; traté de dormir de costado, ¡pero el pelo se me aplastaba igual!. ¡¿Qué es esto!? me dije, ¡una pesadilla!. Hasta pensé que podía dormir colgado de las barras del techo, tipo murciélago, para salvaguardar mi moderno y “tooopppisimo” peinado. Pero de todas maneras no iba a resultar. Al fin y al cabo, como a todo ser humano endeble, el sueño me venció. Desperté entrando a la capital, sin tener la más mínima ubicación en plano espacio-tiempo.

Fue mucho después, una vez llegado al aeropuerto, que me vi el reflejo en los vidrios polarizados del bus: los pocos pelos que tengo parecían una maraña de fideos para sopa, mis ojos estaban hechos compota, tenia lagañas en los ojos, cara de drogadicto en su peor momento de adicción, y además un aliento que mataba a todo ser vivo a 5km a la redonda. Creí perder la cabeza, sentí frustración y ganas de suicidarme tirándome abajo del carrito con que los pasajeros pasean sus maletas. Finalmente, y como siempre, elegí el camino fácil: me puse el gorro de lana y los lentes negros. Asunto arreglado. Cualquier cosa, no soy argentino, vengo de Marte.

Catering Ezeiza

Promediando la cena de despedida de mi hermana, me alisté con un tupper de dimensiones considerables, me paré frente a mi avejentada abuelita y le dije:

NANO

Poneme sanguchitos para el viaje

ABUELA

No nene. ¿que te pensas? los guardo para mañana.

MAMA

Ni se te ocurra

ABUELA

¿porque no? se va a morir de hambre en el viaje. Yo te pongo unos sanguchotos y pizzetas, y unas porciones de torta de naranja, que al hice yo como a vos te gusta

MI HERMANA PATO

¡Ay no nano! sos re villa (villa, villero, negro, grassa)

MAMA

Yo me siento en otro lado y no te conozco si sacas ese tupper de la mochila en el medio del aeropuerto

NANO

Técnicamente, no va a estar en mi mochila. Va estar en tu bolso.

MAMA

Ni loca!

Con toda su sensibilidad de abuela, me preparo los sanguchitos, los sacramentitos de jamón y queso, las pizzetas, y la infaltable torta de naranja que mi abuela prepara para todas las ocasiones (cumpleaños, no-cumpleaños, casamientos, divorcios, velorios, visitas anunciadas, agasajos en general).

Estando en Ezeiza, el tupper permanecía intacto en el bolso de mi mamá donde y lo introduje pese a sus gritos y negativas, en fin, como cuando niño, hice oídos sordos a sus palabras.

Pero como en esta familia, nadie tiene una coherencia ética constante, lo que se dijo ayer, es el día y la noche con lo que hacen mañana. Estando en Ezeiza, y como a las lauchas les dolía poner algunos pesos en aperitivos arremetieron con mis vituallas, dejándome un mísero sanguchito. No se comieron el tupper porque es demasiado duro.

De shopping en el aeropuerto

Mi madre… seres desubicados en el tiempo y en el espacio si los habrá.

Si alguien alguna vez vislumbro un energúmeno de corta estatura donde la excentricidad, la locura, y el desquicio se resumen en un solo sujeto…. ¡esa es mi mamá!

Emprendió una recorrida por todos los negocios del aeropuerto y de todos salía con una bolsita.

MAMA

“Le compré un libro a tu hermana (la otra). Y un librito a Juan. Y un chocolate para Pablo. Y un celular de juguete para Ian pobrecito. Y a Gonzalo algo le tenía que comprar… le llevo esta camiseta de Boca

NANO

Mamá, Gonzalito es de River.

MAMA

Ay bueno, el todavía no sabe

NANO

Mamá, tiene 10 años. ¡no diez meses! y gracias a dios no salio con el cerebro de canario de su madre. Y además ¿no era que no tenías mucho dinero?

NANO

Sí, pero allá hay un cajero electrónico, y saque unos pesos

¡Corten! Hacemos otra toma….

Luz, cámara… ¡acción!… cri cri… acción es lo que le falta a mi vida. Tengo menos acción que un documental sobre la reproducción de las amebas. Me fui por las ramas…

Llegado el momento culmine del viaje, mi hermana estaba lista para abordar el avión

NANO

Pato, es la otra terminal la tuya

MI HERMANA PATO

No es acá. puerta 11

NANO

Si puerta 11 pero de la terminal B, esta es la A

MI HERMANA PATO

Callate¡ ¿Vos que sabes?

NANO

Bueno….

Al momento de abordar, mamá y yo abrazamos a mi hermana hasta juntarle los pulmones entre sí. Lloramos, porque si queremos llorar, lloramos. Más que una despedida parecía un velorio. Yo en realidad lloraba por toda la plata que me hicieron gastar. Pero disimulé bastante.

Luego de más abrazos, mas lágrimas, y de los redundantes “llamá cuando llegues” de mi mamá, mi hermana se dirigió a la puerta de embarque y…. ¿que había dicho yo unas líneas más arriba? ¡Estábamos en la terminal equivocada!

Salimos de la terminal A, rumbo a la terminal B, ya con demora, un rasgo muy característico en esta familia.

NANO

¡Te lo dije!

MI HERMANA PATO

Callate pelotudo y prendé un cigarrillo que después no voy a poder fumar por 12 horas!!!

Aquella vez que la fui a buscar, luego de varios años sin verla, ni me preguntó como estaba, ni me dijo “me alegro verte”. Sus primeras frases fueron: “¿Cuanto está el Euro?” y “Prendé un cigarrillo que hace 12 horas que no fumo!!!!”

Típico… es mi hermana. ¿Se entiende porque hubiera preferido que me abandonaran en un bote de basura?

Finalmente, nos despedimos. Esta vez en serio. Pero con la ventaja de que teníamos un ensayo del asunto en la otra Terminal. Así que, fieles al estilo de la familia, hicimos un segundo escándalo, pero en la otra Terminal. Por supuesto yo seguía desde hace mas de 8 horas, con mi gorrito de lana, y mis lentes oscuros… lo que me faltaba era encontrar algún conocido ¡y yo en ese estado!

Mi hermana cruzó la puerta de embarque, y esa fue la ultima vez que la vimos. Y seguramente, será la última por varios años.

A mi lado, lo peor: mi madre, llorando a moco tendido. Hubiera preferido meterme en la valija de mi hermana, y viajar a otra galaxia lejos de la mujer, que dice, haberme tenido en su vientre por nueve meses… aunque yo reclamo pruebas.

MAMA (llorando)

Despedirla dos veces en un año, es muy fuerte. Pero peor es haberla despedido dos veces en 15 minutos

NANO

Mami… no te soporto. Volvete sola a Mar del Plata

MAMA

¡No! Que me quedé sin dinero





Los desquicios de la abuela.

30 03 2008

Creo que ya conté en alguna ocasión que cargo con el karma de tener a mi abuela paterna del otro lado de la calle. Muchos lo ven como algo genial, pero en realidad para mí es una tortura constante que no tiene miras a mejorar.

En fin la octogenaria nunca quiso poner televisión por cable, por eso se trata de conformar con el patetismo televisivo de los únicos dos canales de aire locales. Pero suele suceder que a mi abuela le agarra insomnio, y para dormirse lee unas revistas del año del choto, con las noticias más desactualizadas de lo que puedan imaginarse. Sin embargo, ella se sienta en su cama con su camisón modelo 1930, se encaja los antejos culo de botella que tiene y lee una y otra vez las mismas notas. Al otro día me las cuenta como si fuera la última noticia, cuando en realidad ya pasaron más de cuatro meses de que salió publicada la revista.

ABUELA

Así que como no podía dormir me puse a leer esas revistas que tengo que me dio la Ángela, ya las leí un montón de veces pero que voy a hacer no tengo otra cosa…

 

Con semejante escena melodramática me tocó el corazón, y esa misma semana le compre una Paparazzi cuando salí del trabajo (opté por lo´más económico porque no soy multimillonario). A los pocos días le pregunto sobre la revista

 

¿Estuviste leyendo la revista?

ABUELA

Seee, pero no me gusta mucho esa revista, no las conozco a esas que salen ahí, no trae muchas cosas de artistas.

NANO

Abuela dejate de joder ¿que querés que te compre? ¿una Caras?

ABUELA

Bueno, para que mierda me preguntas entonces.

Como me hizo sentir una laucha inmunda y avara, el viernes la llamé de la Oficina.

NANO

Che querés una Gente?

ABUELA

¿Pero no sale muy cara?

NANO

¿Que problema te hacés? total vos no la vas a pagar

ABUELA

Trae de putas y de artistas como me gusta a mí???

NANO

ABUELA

Traemela Estúído!

(el “estúpido” es una muletilla que utiliza para nombrarme, ya que la edad hace que se confunda los nombres de todos los nietos)





Mala Praxis. Con cirujanos como este….

3 12 2007

Hay anécdotas que definitivamente resultan parecer increíbles cuando uno las cuenta. Este es uno de esos casos que rayan lo inverosímil.

El viernes a la noche, con la carga de una semana agotadora en la cual, mimetizándome con Neustad, dormí cuatro horas al día, me fui a la cama relativamente temprano (tipo 00.30hs) con el propósito de dormir la mayor cantidad de horas posibles.

Cuando ya estaba entregado a los brazos de Morpheus y sumido en el más profundo de los sueños, los golpeteos en la persiana me hicieron saltar de la cama. Afuera, mi cuñada a los gritos pelados conjurando mi nombre sin pausa.

Sin entender ni que pasaba, ni quién me llamaba, ni que hora era exactamente, me puse lo primero que había a mi paso mientras trataba de recordar dónde había dejado las llaves de la puerta.

“La abuela se cayó, y le sangra la cabeza” dijo mi cuñada desde la vereda, que no dejaba de gritar desesperadamente.

Algunas aclaraciones: mi abuela vive justo enfrente de mi casa, y mi cuñada detrás la casa de mi abuela.

Mientras trataba de abrir la puerta, mi cabeza formo todas las combinaciones de imágenes posibles a partir “abuela” + “cabeza” + “sangre”. El corazón me latía a mil. No se como abrí la puerta y como llegué a lo de la abuela que esté en la flor de la juventud (80 primaveras).

Bueno. ¿Qué decir? La nona exagera al límite cualquier cosa, así que en esta oportunidad no se privó de hacer un melodrama en torno al accidente: “me voy a morir”, “esto es una desgracia, me estoy desangrando” “porque me pasa esto, que destino maldito que tengo yo” y frases de similar tenor ilustraban la pintoresca escena.

Empecinadamente se sostenía un toalla contra la oreja insistiendo tercamente que le sangraba el oído, cuando la verdad era que tenía un flor de agujero en la cabeza.

Entre gritos, desquicios y ataques de pánico múltiples llegó la ambulancia. En ese momento, se acabó el lamento y el griterío: hacía falta la presencia de un médico para acallar los nervios de la vieja.

Bueno, ahorro los detalles y voy al grano. Leer el resto de esta entrada »