Zapato roto

16 03 2008

El otro día lavé mis zapatillas preferidas. Rara vez me sucede que me siento tan encariñado con una prenda. Pero con mis zapatillas tenía una relación de sentido y referencia. Ellas me significaban, me definían. Es una estupidez, ya lo sé. Pero era así.

El hecho es que se me ocurrió lavarlas porque son de color clarito. Las llevé a la terraza para que secaran al sol. Hasta acá todo perfecto. Pero resulta que al día siguiente las encuentro en living de casa. Y ya no era mi par de zapatillas, sino que más bien se habían convertido en una suerte de retazos inconexos. Era como un puzzle, un modelo para armar: la lengueta por un lado, la puntera por otro la suela medio despegada, el relleno hecho picadillo. Y además tenían una especie de flecos por todos lados, cual rasgaduras causadas por colmillos poderosos.

¿Quién habría sido el autor de semejante atentado contra mi guardarropas? El

susodicho lleva por nombre Jack y es la mascota de la familia de mi hermana. Juro que lo perdoné al instante, porque es un animal, y no tiene la culpa de tener dueños humanos que se comportan como si tuvieran menos racionalidad que el propio perro. Pero con alguien tenía que despotricar mi furia contenido después de semejante hecho aberrante. La agarré a mi hermana , y sosteniendo una zapatilla (bha, solo un trozo de ella) le recité una lista de insultos donde el más suave fue “reverenda hija de puta”. (Tenemos una relación muy simbiótica cuando queremos. El problema es casi nunca queremos.) Le hice un escándalo como si me hubiera echado a perder un par de botines de Diego Maradona, o los tacos que hubiera usado Celine Dion cuando cantó con Luciano Pavarotti.

En fin, ¿es esto importante? Sí, de alguna manera. Hoy todavía tengo la zapatillas modelo para armar. Las guardé en la misma caja que me las compre como si se tratara de un cortejo fúnebre. No quiero tirarlas porque me da mucha pena. ¿Es esto normal? Si y no.

Fue hoy cuando las miraba con cierta angustia cuando me di cuenta que esta no era la primera ocasión en la que quiero retener las cosas cuando ya no cumplen su función. Suena estúpido. Lo se. Pero recuerden quién escribe: un estúpido. Me ha pasado varias veces que me he quedado en relaciones (no solo amorosas, si no también amistosas) cuando en realidad el vínculo se desgastó. Y en cierta medida no tuve el valor o la voluntad de decir con firmeza “hasta acá llegamos”. Que sentido tiene estar, o retener a alguien cuando los esencial, es decir el vínculo, ya no está o ya no funciona. De alguna manera me recuerda un poco al post anterior, donde aparece Mirtha Legrnad, avalando los cuernos del marido como si se tratara de  una pavada, de un condición sine qua non para tener un matrimonio “feliz” y duradero.

Moraleja: ya no quiero usar zapatos rotos. Y mucho menos ¡¡¡ser el zapato roto de alguien!!! Dios me libre y me guarde. En definitiva, a veces hay que dar un paso  adelante y reconocer que los zapatos o ya no nos quedan o están muy hechos mierda. Y tener el valor para tirarlos a la mierda!

Bueno, es una moraleja estúpida, pero tiene algo de sentido!!!!


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4 respuestas a “Zapato roto”

17 03 2008
Marco (13:04:42) :

Amigo… claro que tiene sentido. Muchas veces nos aferramos a cosas, ideas o personas por lo que alguna vez significaron para nosotros. Sin ir muy lejos, el papá del gordo guarda cosas (remedios, revistas, etc) de su difunta esposa (mi suegrita, que en paz descance, falleció hace 18 años) con el pretexto de que “algún día servirán”.

Vamos, nadie le dice que tiene que dejar ir el recuerdo de su esposa… pero aferrarse a cosas materiales… eso no es bueno, sólo trae malos ratos y mucho, pero mucho polvo!!!

Pero a veces nos pasa. Como dices… la idea es aprender que debemos dar un paso y ver que la “zapatilla” a veces ya no nos queda o no nos sirve.

un abrazo,

17 03 2008
Miranda (23:03:17) :

Perdon por el comentario que voy a hacer porque parece que paso por alto la moraleja (que no es asi pero si me pongo a pensar me deprimo)…
Me hizo acordar al capitulo de los simpsons que homero se compra unas zapas re caras y se las come huesos… y el hdp las pone en la caja e intenta cambiarlas juaaaaaaaaajua jua jua! Besos!

20 03 2008
Fabio (11:56:26) :

Nano: gracias por incluirme en tu blogroll, ya estas por cierto en el mio.
Tus zapatillas son como mis bermudas de estar en casa, mi pijamas de hilo, y ese par de camisetas viejas que no me resigno a tirarlas. Es que es parte de mi relacion de afecto con los objetos. Hay cosas que tienen su historia aunque los demas puedan juzgarlas simplemente en: me gustan, no me gustan, etc, etc…
Y si, son segunda piel… te mando un abrazo
ciao
faBio

20 03 2008
Fabio (12:38:58) :

Ya almorce y ahora sigo… pido indulgencia para esos colmillos a los que anteriormente omiti.

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