Crónica de una histeria anunciada.

10 02 2008

Sí, lo sabía. Sabía donde me estaba metiendo, pero no me importó, no lo pensé, me daba igual.

Simpre hice lo mismo. Haber insistido en seguir viéndome con limado lindo, era igual que cuando me puse de novio con última mujer que estuve, sólo porque me daba pena saber que estaba mal y que había intentado suicidarse: tengo la morbosa idea de que yo soy la única salida de la depresión que pueden tener, por eso elijo siempre los desvalidos de autoestima, los que bordean la locura o la muerte, en vez de elegir profesionales exitosos, con todo ganado y nada por perder. Y es que eso me resulta aburrido, y esto, me resulta desafiante.

Anoche fui a cenar con mi viejo, mi hermana, la mujer de mi papá, y mi hermanastro recién venido de España, quien se sorprendía al escuchar que yo no tenía una Play Station III, ni un plasma 32 pulgadas, ni un teléfono celular último modelo. No sabía si sentirme pobre o anacrónico con mi Motorola V555 destruido por todos lados, el cual esa noche terminé de destruir.

Después de cenar a mi papá se le ocurrió que teníamos que ir al Casino. El cual desbordaba de gente. Directamente no había máquinas disponibles, estaban todas, absolutamente todas, ocupadas. Veteranas, bien vestidas en su mayoría, gastando fortunas, y jugándose las jubilaciones, hacían reverencias y caricias a las máquinas en búsqueda de la buena racha… enfermas por el juego.

Para no perder la costumbre, lo poco que jugué lo perdí. Y mientras esperaba que mi papá, mi hermana, y mi hermanastro terminaran de jugar me sonó el celular. Era Limado Lindo que me dijo de vernos, así que arreglamos encontrarnos no muy lejos del casino, y en escasos minutos.

A la hora indicada y cual estatua de bronce, estaba esperando a Limado Lindo. Y no hay que ser adivino para saber como iban a terminar las cosas. Porque eso ya era obvio de entrada. Pero de repente, me sobreviene el morbo, y me veo con el deseo de hacer cosas sin sentido, como por ejemplo, darle una oportunidad a este colgado

NANO

¿Vamos a tomar algo? Yo invito

LIMADO LINDO

Bueno dale.

NANO

¿A dónde querés ir?

LIMADO LINDO

No se. Compramos una cerveza en algún lado y la tomamos por ahí…

En ese momento no sabía si largar la carajada porque se trataba de un chiste, o de darle un sopapo en la nunca para reaccionara. ¿Tomar cerveza por ahí? Es como si tuvieras 18 años, y estuvieras con tus amigos de barrio del cono urbano, y te sentaras a media noche en una esquina desolada a tomar cerveza. Pero yo no tengo 18 años, ni estaba con mis amigos, ni vivo en el cono urbano.

NANO

¿Me lo decís en serio? Te estoy invitando a tomar algo a un lugar donde se toma algo, no al medio de la calle.

LIMADO LINDO

Bueno, tenés razón. Esperame que compro unos cigarrillos.

Y en este punto ya no se si seguir o dar de baja este blog. Aunque puedo dejar el blog, y comprarme una careta para salir a la calle después de lo sucedido.

Limado no estaba borracho, ni drogado. Suelo darme cuenta de esas cosas. Y puedo asegurar que estaba “fresco”. Entonces: por que extraña razón, este limado (porque ya no es más limado lindo) dice que entra a comprar cigarrillos, y sale de ese drugstore con un botella de cerveza de 1Lt, abajo del brazo!!!!!!!!!!

Simplemente rogué a todos los dioses que abrieran un abismo en las baldosas que estaban bajo mis pies y que me sepultaran 18 Mts. bajo tierra.

Traté de explicarle que no era lugar para tomar cerveza por la calle cual indigente si hogar. Insistí con que lo había invitado a un lugar decente y agradable a tomar algo. A lo cual me contestó que se había olvidado. Y sinceramente a esta altura pienso que es un espécimen digno de observación y estudio. Porque conocí gente limada, colgada, quemada, pero esto se excede de los límites de lo imaginable.

A continuación me dijo la siguiente seguidilla de estupideces sin sentido: que no sabía muy bien porque me había llamado, que tenía ganas de salir pero no sabía con quién, que quería ir a algún boliche de ambiente, y conocer a algún “hombre lindo” (cita textual de sus palabras).

¡¡¡Que bien!!! dije yo, mientras esperaba ansioso la milagrosa aparición de un taxi salvador que me sacara con urgencia del bizarro escenario. De todas maneras, no lo escupí en la cara, aunque era lo mínimo que se merecía. Le dije que al otro día tenía que madrugar, lo cual era mitad verdad, y me fui.

Buscar un taxi fue un infierno: un equipo de fútbol local había ganado algún partido, alguna copa, no sé, había ganado algo. Y los hinchas se habían acaparado la mitad del centro. Cuando hallé un taxi libre me tiré encima del mismo cual buitre hambriento.

No sé si el taxista me confundió con un turista o me vio la cara de pelotudo perdido, porque sencillamente agarró el camino que quiso… En una primera instancia pensé que un poco de alcohol y toda la perplejidad producida por la situación nerviosa precedente me habían inducido a que yo le dijera cualquier dirección menos la mía, pero no era así

NANO

Disculpame, ¿que dirección te dije?

TAXISTA

Me dijiste Belgrano y… la otra… me olvidé.

NANO

No te dije Belgrano y XXXXXX

O yo estoy loco, o el mundo cada día está más pajero, ¿como viene la mano? Todo el mundo se olvida lo que yo dije dos minutos atrás.

TAXISTA

Disculpame, te descuento las cuadras de más

Por supuesto no me descontó un puto centavo de nada. Pero no tenía ganas de discutir por tres pesos. Ya estaba con exceso de ira por todo lo acontecido esa noche. Cuando recibí mi vuelto, quise abrir la puerta del taxi… y no entiendo si fue un exceso de fuerza desmedida o una expresión de odio acumulado, pero el hecho es que cuando tiré de la manija del taxi, la partí. Si, la rompí, la partí al medio. Me quede con media manija en la mano, mientras el taxista se agarraba la cabeza por la destrucción que yo había ejecutado sobre su puerta. Ops!. “Te lo dejo acá” le dije al taxista mientras depositaba la mitad de la palanca de su puerta en el cenicero del apoya brazos. Y me baje por la otra puerta, pensando “que se joda el boludo este, por cobrarme de más”.

Entre en mi casa al borde la sinrazón. No sabía si llorar (porque sinceramente me sentía un pelotudo de hecho y de derecho, pero sin diploma), si romper algunas cosas, o si arremeter con tres porciones de torta que tenía en la heladera. Opté por la más sana: la torta.

Y mientras escribía este post, como a las tres de la mañana, el Limado me llama por teléfono para decirme si nos podíamos ver…. Y ahí fue cuando mi Motorola V555 murió. Un consejo para los que al ponerse nerviosos no miden sus actos (como yo): no se compren teléfonos celulares con tapita, porque pueden terminar en celulares “modelo para armar”

 

 


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