Que cagada!

26 01 2008

Lo más emocionante del viernes, creo que fue que una tierna y dulce paloma (que no sé por qué se empecinan en asociar a estos bicho con el concepto de Paz) me cagó en la espalda. ¡Sí! Así como lo leen, me cagó en el medio de la espalda, en mi horario del almuerzo. ¿Puede ser? Tuve que volver a la oficina, meterme en la suciedad del archivo, y robarme (porque no había nadie para pedirle) una remera. Una remera gris, espantosa, con el logo de la empresa, que decía talle “S” pero me quedaba como un vestido bobo.

Por supuesto, para no cortar la racha de la semana no fui al gimnasio ¿para qué?

Por eso, el sábado, que comencé el día con una nueva energía me fui temprano al gimnasio. Y se me ocurrió que podía hacer todos los ejercicios de la semana en una sola hora ese mismo sábado. Así estuve, compulsivamente, bajando de la cinta para subir a la bicicleta, abdominales, espinales, abdominales, espinales, biceps, triceps, piernas…. me bajó la presión. me tuve que tirar en el banco del vestuario, porque me daba mucho pudor pedir una ambulancia. Retorcido por los mareos me volví a casa. Y como no podía ser de otra forma, me acosté y me dormí. O me desmayé, no sé.

A la tarde fuimos a la playa con Julieta. Había viento. Mucho. Y Julieta se quejaba , del veinto, de la arena, de la gente que pasaba, de la gente que estaba en el agua, de la gente que venía, de la que se iba. Tenía un día difícil. Pero de última la pasamos bien, tomamos unos mates y charlamos hasta que se nos secó la garganta.