Zooffice
18 01 2008Seguramente todos tengan más o menos sabido lo que es trabajar con más personas.
Pero mi experiencia es distinta: trabajo en una misma oficina de 4×4mts. con otras 28 personas, prácticamente estamos unos encima de otros, acompañando la (in)grata cercanía corporal con el excesivo calor, la aniliquiladora humedad, y dos aparatos de aire acondicionado, que entre ambos no sirven ni para dar aliento.
Cuando entré a trabajar a la oficina, todo me parecía maravilloso, incluso las personas. Más aún, me parecían maravillosas las misma personas que hoy me producen revoltijo de estómago cuando las veo a la hora del almuerzo. Pero como dice el dicho: la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer (los “jefes”).
Lady B. Cuando Colón descubrió América, ella ya trabajaba en al empresa. Ni ella misma se debe acordar los años que hace que está trabajando en este lugar. Y la entiendo, porque después de veintitantos años en esta empresa, yo la única salida que el encontraría sería el suicidio.
Ella es una boa experimentada, es una vípera de alto alcance. Vive renegando, del frió, del calor, de lo temprano que es, de lo tarde que se hace. Para ella, todos es objeto de problema y exageración hiperbólica.
Va y viene con cuentos, chusmeríos. Va detrás de los jefes constantemente, comentado lo que los demás hacen y dejan de hacer: que están leyendo/escribiendo mails inapropiados, que “fulana” va por la cuarta taza de café de la mañana y que eso no atrasa a todos, et etc. Me hace recordar a Dobby. ¿Recuerdan a Dobbie de Harry Potter? Sólo que no ella no ansía la libertad. Va detrás de los jefes con servil lealtad a rendir cuentas de la vagancia ajena. Vive con los oídos atentos a todas las conversaciones de su perímetro. Estoy completamente seguro de que puede escuchar cuatro conversaciones a la vez, y atender el teléfono al mismo tiempo. En definitiva, es una clásica “mal cogida”.
La Sra. Papa la apodamos así por la desgracia que la Naturaleza derramó sobre su cuerpo. Es cuadrada y petiza. Jetona. No sabe callarse la boca, de todos opina, y nunca con buenos conceptos. SIempre tiene la clave para alcanzar el protagonismo: las maravillas que hace su hija, la pelea que tuvo con su pareja lo cual no la deja trabajar con plenitud. Su dolor de muelas que no la deja ni mover las manos
para continuar con sus tareas, todo es locucionado en altos decibeles para que toda la oficina se apiade de su pesar , y recurra a observar su insostenible martirio, el cual es diferente todos los días (no se le puede objetar que se actualiza constantemente). Sospecho que nunca fue al Jardín de Infantes, pues no tiene idea de como combinar dos colores como mínimo. Atuendos que no revisten el más mínimo buen gusto, ni siquiera apropiados: trata de escotarse lo más posible sin darse cuenta de que lo que no debe hacer es mostrar, sino ocultar.
Mary D. Mary D. volvió hace poco de carpeta psiquiátrica. No tengo idea que le dijo el psiquiatra pero yo le diagnostico paranoia persecutoria: vive diciendo que la van a echar; si ve a los jefes encerrados en la oficina dice “están hablando de mí” ¿Cómo sabe les lee los labios? Se figura que en lugar de venir a trabajar, viene de tour, se la pasa dando vueltas como satélite lunar. Se piensa que la oficina es un locutorio, recorre todos los escritorios usando todos los teléfonos (pensando que pasa desapercibida), mostrándose con el teléfono en el oído desde varios puntos de la escueta oficina.
Vero D. A ella la vida no le sonríe, es la Antígona de Sófocles; la Julieta de Shakespeare. Todo es una tragedia: su vida, su trabajo, la uña que se le rompe. Hasta lo que va a comer en el almuerzo le quita el sueño. Con voz súper aguda vive rechinando desde el fondo de la oficina, y todo lo habla en diminutivos: “te hago una consultita” “quería saber si te falta mucho con esa cajita” “me voy a calentar la comidita” “me hago un cafecito o me compro una gaseosita” “si vas a salir ¿me traes un yogurcito? si puede ser con colchón de frutitas”.
Al mejor estilo de la Sra. Papa vive haciendo bandera de sus desagracias: a veces pelean por ver quien se queda con el protagonismo de la oficina. Llega más temprano y se va mas tarde: para que los jefes vean que comprometida está con el trabajo; “me quedo hasta las seis porque Rosita (la jefa) se queda también” Pedazo de boluda ¿no tenés nada mejor que hacer que quedarte a chuparle las medias a tu jefa? Sos una mamarracha: ojala lo leas.
Los Jefes: Bocha el supuesto Gerente de la Oficina; no habla con nadie. Apenas dice “buen día” cuando llega. Si te habla no es para felicitarte si no todo lo contrario. Un ejemplo de sus llamadas de atención tan diplomáticas: “te voy a mandar a limpiar baños ¿querés hacer eso? Por las hendijas de las cortinas de su caja de cartón corrugado (a la que se empecina en llamar “oficina”) observa con cara de culo a todos, evalúa y dirige. A este calvo ser repulsivo lo secunda Rosita (Jefa Operativa de la Oficina): la energúmena es menos expresiva que una estatua, meticulosa, obsesiva. Todo le produce miedo. Vive mortificada por las presiones entre todos nosotros (los empleados) y Bocha, su jefe. Cuando él grita ¡¡Rosa!! desde su caja de cartón (no puede pararse a llamarla educadamente) ella concurre a su solicitud con temblores al mejor estilo Parkinson. Las presiones la pueden, y es normal verla irse al baño con lágrimas en los ojos. Pese a todo ello, trata de mantener su cuota de poder: grita, se pone nerviosa, caga a pedos a los que se lo merecen (y a los que no también, por las dudas). A ella concurre Dobby con los cuentos diarios, y ella apunta todo en su estrecha cabeza para actuar en consecuencia.
En definitiva: esta oficina es una cagada.
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